sábado, 4 de febrero de 2017


DOLORES MARABÉ LASSO.


Aunque nacida en Barcarrota, (Badajoz) 1 de abril 1925, entre los ocho y nueve años ya la encontramos en Badajoz, asistiendo a gimnasia y cantos en la Sección Femenina, ubicada entonces en la plaza de Minayo. Ese enorme solar fue donde se había ubicado el Seminario de San Atón, que había visto la primera luz en la calle Moraleja en 1664, muy cerca de la catedral, como recomendaba el Concilio de Trento.
No había terminado la contienda civil española cuando estaba aprendiendo sus primeros pasos de baile mientras gozaba de su inquiera adolescencia. Se prestaba voluntaria para todo cuanto resultara nuevo para ella. Me contaba personalmente que durante la guerra civil muchas veces sonaba la sirena, porque había peligro de bombardeo en la capital, y salían todas las chicas despavoridas, y corriendo camino de sus casas para reunirse con sus familiares. Ella
Salía favorecida porque vivía bastante cerca, en la calle Ramón Albarrán.  

En 1940 hizo un Curso de baile en Cercedilla y entre otros bailes regionales le enseñaron danzas de Navarra y de Andalucía, es decir sevillanas y jotas navarras, nada por supuesto de lo que pretendía Pilar Primo de Rivera con el mandato que le dio a la Sección Femenina. Lo extremeño ni olerlo.  El Curso fue en el mes de agosto y en septiembre estaba bailando en Málaga con el grupo de pequeñas.
En 1938 se convocaron los Cursos Nacionales de Instructoras de Música y en el 39 los Grupos de Danzas. Es en 1942 cuando se convoca el I Concurso de Coros y Danzas. Se presentaron 116 agrupaciones de toda España. Nuestras adolescentes extremeñas presentaron dos bailes foráneos: una jota Navarra y unas sevillanas. Qué poco se conocía entonces el magma musical de los pueblos y ciudades de Extremadura. Nuestras representantes pequeñas   tuvieron un sonado éxito en Málaga, aunque  no fueran bailes propios de nuestras comarcas.

En 1924 el Músico Mayor de Castilla 16, don Bonifacio Gil García, Llegó a Badajoz para hacerse cargo forzosamente de la Banda Militar. Su gran olfato musical lo llevó a recopilar por su cuenta músicas autóctonas de la “Baja Extremadura”. Nadie se había interesado ni se imaginaba el potencial folklórico que latía en el corazón de nuestro terruño.

Y en ese mismo año dejaba el Seminario de San Atón de Badajoz Manuel Núñez Martínez, una vez terminado el tercer curso de Filosofía. No sabemos cómo estando interno en el Seminario se las había ingeniado para obtener en el Conservatorio Superior de Música de Madrid dos apreciados títulos.
El riojano, señor Gil García, publicó su Cancionero Popular de Extremadura en 1930 con 235 páginas editado por la Diputación Provincial de Badajoz, donde se encuentran multitud de tonadas recogidas en nuestra extensa provincia.

Manuel Núñez Martínez, (Olivenza, Badajoz, 1904), descubrió las dotes para el baile y la música de la joven en cuestión. Era muy delgada, tiesa como un palo y ágil como una gacela. Don Manolito había obtenido la plaza de director por oposición de la Banda de los Hogares Provinciales. Dirigía también una renombrada orquesta, “Atlántida” que visitaba las principales poblaciones de la Región en sus fiestas. El tiempo de asueto lo dedicaba a recopilar rancias canciones que las personas mayores le suministraban.
 Puestos de acuerdo, ambos personajes iniciaron un recorrido exhaustivo por tierras extremeñas, lejos de la ciudad de Badajoz. De esta manera comenzarían a recoger el oro folklórico que estaba latente  en los recónditos pueblos y aldeas de los siempre olvidados 21.000 kilómetros  cuadrados de la  provincia de Badajoz.

Terminada la guerra, la Sección Femenina nombró Asesor Musical al Sr. Núñez y le encargó  la recopilación de las músicas y danzas de cada una de las localidades diseminadas en las diversas comarcas provinciales.

En 1941 se preparaban las muchachas de 18 años para participar por vez primera en el Concurso de Coros y Danzas, a nivel Nacional, que se iba a celebrar en Barcelona. En el anterior Concurso sólo bailarían las pequeñas. Dolores que sólo tenía 16 años, y que era la instructora, tuvo que pedir un permiso especial para bailar en la Capital Condal dado que una compañera suya había enfermado severamente.

Pronto, danzas, aires populares e instrumentos de percusión surgieron acá, allá y acullá en toda Extremadura. Las localidades de nuestras dos regiones eran ricas en típicas danzas  que ponían de manifiesto el alma desconocida de nuestras villas y alquerías.  Entonces no había radio generalizada ni circulaba con profusión la prensa ni los medios de transportes eran los más adecuados.

Después de una guerra fratricida, quedaban burros, mulas, carros y algunos trenes de mercancía que sólo llegaban a poblaciones importantes. Eran los medios con que  cantaba el tándem contratado por la Sección Femenina. “La Siberia extremeña”, por ejemplo, estaba hambrienta de algo de progreso que hoy afortunadamente ya es pasado. Castilblanco, Herrera del Duque, Garbayuela, Esparragosa de Lares, Talarrubias… tenían un potencial increíble en cantos, bailes, costumbres, gastronomía y celebraciones. De modo que el señor Núñez con su acordeón recogía e incorporaba músicas a  papel pautado y Dolores anotaba los pasos y las figuras de autóctonas danzas. Estamos hablando  de tierras que están a casi  200 kilómetros de nuestra capital. ¿Cómo llegar en los años cuarenta? Fueron muchas las peripecias y penalidades que tuvieron que afrontar.

Don Manolito, como se le conocía cariñosamente en Badajoz, había estudiado filosofía y música, tenía 38 años y le triplicaba la edad a Dolores. La joven, que era una esponja para lo que le interesaba, se hizo pronto una experta, y crecía en edad, sabiduría y gracia delante de todas las muchachas Badajocenses.

Una señora de Villanueva de la Serena, a la que nombraba mucho Bonifacio Gil, fue Doña Isabel Gallardo que recogió gran cantidad de cantos y juegos infantiles de niñas en Villanueva de la Serena, dictándoselas al fundador del Conservatorio de Música de Badajoz.

 Los dos primeros bailes que se recopilaron fueron: Fandango de Alburquerque y El limón (fandango de la Serena).
Manuel Núñez era un excelente músico que había ganado en Concurso-Oposición la plaza de Profesor de Música (1934) de la Casa de Asistencia Social de Badajoz, después Hogares Provinciales Hernán Cortés y en la actualidad Residencia Universitaria.

Una vez recogido el material, comenzaron los ensayos en la Plaza de Minayo, pared con pared con los Hogares Provinciales, en las traseras del Hospital provincial San Sebastián de Badajoz.  
Contaba Dolores que el Fandango de Alburquerque se lo enseñó una señora que encontró en la Posada del Peso o del Colodrazgo, en la Plaza Alta de Badajoz (hoy  Obispo Marín de Rodezno).

Durante los años del hambre Dolores tuvo que dar clases de gimnasia y de baile a hijos de familias acomodadas de la capital. También se desplazaba en bicicleta al Corazón de Jesús para dar clases. Ayudaba igualmente a los equipos de baloncesto de la Parra, Oliva de la Frontera y Olivenza. Cuando se moceaba era un todo terreno.

En el 1948 recoge el Fandango de Talavera y la Jota de Orellana, se investiga el aderezo que utiliza el Grupo de Badajoz y el traje y medias de cebra procedente de Don Benito.
Era tanta la ilusión que había en todo el territorio nacional por recopilar datos relativos al folklore que se contrataba al pregonero del lugar para que alertara al vecindario y colaboraran.

Por aquellos años de carencias, con que sonara en la plaza de los pueblos un escueto pandero, la juventud, mozos zagalones y muchachas se animaban a bailar y a cantar con lo que el vecindario se contagiaba rápido del entusiasmo y ya tenían  un motivo para pasar a gusto unas horas de asueto. El baile en los pueblos fue el método más socializador que haya podido hallarse jamás. No se distinguían ricos ni pobres, señoritos y trabajadores, chicas de servir y estudiantes; en la danza cabían todos y no había posibles distingos porque todo el pueblo salía a la palestra y sólo les preocupaba el ritmo, los cantos, las danzas y pasarlo bien.

Don Antonio Pitel, maestro, muy reconocido en Jerez de los Caballeros, proporcionó a don Manuel Núñez la Jota del Palancar, lugar entre el Valle de Matamoros y de Santana donde se cantaba y bailaba con profusión. En el Cancionero Popular de Extremadura de Bonifacio Gil (1930) se incluye otro canto del mismo lugar, el Fandango del Palancar.

A los diecisiete años encontramos a Dolores dirigiendo una tabla de gimnasia en el Escorial bajo  los acordes y melodías de aires extremeños. Anteriormente había mostrado sus dotes de mando en la Plaza de Toros de Badajoz, sustituyendo a la profesora titular, a la sazón indispuesta, que debía de dirigir unos ejercicios gimnásticos. 
La situación era en todas partes muy precaria y a veces, para los gastos que  generaban los desplazamientos, don Manuel y ella vendían la revista “TERESA” para mayores y “BAZAR”  para juveniles.

Dolores recibió el encargo de la Regidora de la Sección Femenina de Badajoz para comprar doce pares de castañuelas o palillos en la ciudad hispalense. Precisamente las adquirió en la calle Sierpe,  me comentó  Y es que muy pronto tendrían que hacer una gira por América. Teníamos precariedad absoluta de atuendos, de instrumentos y de todo lo necesario para que nuestras chicas mostraran su arte en la danza y en los cantos. Cuando lo autorizó Madrid se incorporaron las muchachas mayores de 18 años.

En 1937 se instauró por decreto el Servicio Social obligatorio durante seis meses para las mujeres y ella lo hizo enseñando folklore en los Hogares de Hernán Cortés, en la Aneja de niñas y en el Corazón de Jesús.

 En realidad el pueblo extremeño utilizó los utensilios normales que había en las casas de labranzas y en los cortijos: cántaro, botella de anís, almirez, caldero, sartén, tapaderas, triángulo (hecho de agujas de hacer  punto. Era increíble el ritmo que se obtenía de estos cacharros tan comunes y sencillos.

A Dolores se la quiso llevar la célebre bailarina “Marienma” cuando la vio bailar en el teatro López de Ayala a propósito de enseñar una danza extremeña a las coristas. La conocida Compañía de Revistas “Mariano Madrid” también le echó los tejos para ponerla al frente del grupo de baile. Siempre se negó.

El primer Certamen para mayores se celebró en Barcelona en 1942, después hubo dos seguidos en Madrid y el siguiente en Bilbao. Participaron en el Concurso 3.008 chicas pertenecientes a 29 provincias. Nunca nuestras concursantes fueron eliminadas y siempre estuvieron entre los cinco mejores grupos de la Península bajo la dirección de la joven Dolores Marabé Lasso. Como responsable musical siempre fue don Manuel Núñez Martínez al que en contadas ocasiones sustituyó Bonifacio Gil García, músico Mayor del Regimiento Castilla 16, fundador t profesor del Conservatorio de Música de nuestra capital.
Pilar Primo de Rivera fue una venturosa impulsora de las tradiciones de los pueblos de España.

Dolores no deja de salir a los pueblos para recoger datos, muchas veces acompañada por la Regidora local Vicenta Fernández Martín. En esta primera etapa “Vituca”, como se la conocía, derrochó gran entusiasmo en la ardua tarea de recopilar. Si no podía asistir Dolores, recogían lo que podían y posteriormente ella visitaba el pueblo para que los pasos y dibujos encajaran con todo rigor. Vicenta Fernández se hizo también cargo de las danzas de Educación y Descanso.

Paulatinamente, Dolores se convirtió en el alma de la danza en Badajoz. Estaba dotada para ello, y lo siguió estando hasta su muerte, pasados los setenta y  ocho años. Estaba dotada deexcelente oído y gran sentido del ritmo. El tañer de sus castañuelas ponía en alerta los sentimientos y contagiaba a las muchachas. Ese sencillo instrumento de percusión en manos de nuestra instructora para dar clases y acompasar los bailes estuvo siempre con ella hasta que dejó de existir.

Era tal la fiebre que se desató en toda la Región por rescatar costumbres, cantos y bailes que don Manuel Núñez no dudó en visitar la cárcel, el asilo y el seminario de San Atón para obtener información de primera mano sobre todo en lo relativo al folclore regional.

En 1942 bailó Dolores con el grupo de mayores por un imprevisto y tuvo que pedir permiso expreso para poderlo hacer, pues no había cumplido los dieciocho años y había entonces normas muy estrictas. Bailaron: “El limón”, (jota de Villanueva), El fandango de Alburquerque y la jota de Orellana.

Don Manuel, buen  observador de los coros que llegaban de todas las regiones decidió incorporar al grupo: acordeón, flauta de travesera (Camilo) y  una voz varonil privilegiada como era la de José María Rebollo, “Doñoro”. Una vez que el señor Rebollo se dio a conocer con el grupo de Badajoz, fue requerido para cantar con los grupos de Ciudad Real y Teruel.

Sucedía  que cuando nuestras chicas iban a participar a Madrid, el maestro y folklorista placentino Manuel García Matos, que era inamovible en el jurado de la capital de España, puntuaba con rigor a nuestras componentes porque  era un obseso de lo autóctono, sobre todo de atuendos e instrumentación. Hay que decir que el placentino García Matos fue el primer catedrático de folklore que hubo en el Conservatorio de Madrid, una vez jubilado el Padre Nemesio Otaño que enseñaba folklore sin estar creada la cátedra.

En 1949 eran ya más de mil los grupos que existían y pasaban de 24.000 la muchachas que formaban parte de los diversos grupos  en el territorio nacional.
Dolores y don Manolito Núñez en 1944 recogen Sandín galandín,  (Canción interpretada en la totalidad de las matanzas de Villanueva del Fresno), El fandango extremeño que lo recogen en el mismo lugar. El Fandango de Almendral lo aprende  Dolores en el mismo pueblo  donde vivió un tiempo.
La Jota de Campanario la enseñó una mujer que tocaba la sonanta y que se prestó voluntaria para acompañarlas al Concurso de Madrid en 1943. 
El Músico Mayor de Castilla 16 de Santo Domingo de la Calzada, que era un excelente músico, le pedía a Dolores que le cantara las melodías tal como las había escuchado a las personas mayores, con el deje, altura y ritmo con que las interpretaban. Don Bonifacio  incorporó muchas de ellas al “Cancionero Popular de Extremadura”

En 1948 se recoge la Jota de Campanario, la de Talavera la Real y la Jota de Orellana. Una persona fundamental para el folklore en la comarca de Campanario fue don Antonio Reyes Huertas, escritor, poeta y gran muñidor del teatro extremeño. Atrayente fue la importante figura de la villanovense Isabel Gallardo para los cantos, juegos y costumbres de la Región extremeña. Se trasladó más tarde a Badajoz por lo que tuvo gran amistad con Don Banifacio Gil. Dolores aprendió de ella la Jota enredá y Baila zagala.  Lástima que Isabel tuviera que marchar a Portugal porque en realidad era un manantial de tradiciones populares.

Los varones siempre estuvieron muy reacios a incorporarse a las danzas de la Sección Femenina, por eso actuaban sólo las féminas y no por otras causas.
La zona que más le impresionó a Dolores, me explicó, fue la Siberia extremeña por la riqueza, variedad y pureza de danzas típicas, un ejemplo lo tenemos en la riqueza de melodías que  componen La Jota de la Siberia.

En 1951 se recogen  El triángulo, en Castilblanco y Rondeña del mismo lugar.
En Herrera del Duque se adueñan de la citada Jota de la Siberia, Los piquitos  o Jota de los Cominos y Pastores de Judea (bailable) de Garbayuela. Hay que colegir que de Badajoz a Cabeza de Buey  había una distancia casi insalvable en los años duros de la postguerra.  Eran cerca de los 200 kilómetros.

En 1949, cuando las agrupaciones en España tenían un buen bagaje de canciones y danzas, la señorita Marabé Lasso marchó con el grupo local, que dirigía, y diez agrupaciones más de toda la piel de toro, a las Américas. En este viaje a bordo del “Monte Ayala” no pudieron contar con el señor Núñez y fue Eduardo Cerezo, su señora a la sonanta y el conocido guitarrista de la ciudad Manolo Terrón quienes formaban el elenco musical.
Eran unos momentos difíciles para España, porque se había hecho Caudillo de la nación Francisco Franco. Estábamos pues en una dictadura y las relaciones exteriores eran un galimatías. Muchos de los países que iban a visitar esperaban encontrarse a chicas famélicas y sin bríos para el baile y el canto. Tal era el concepto que se tenía de la nación española. Fue, sin embargo, tan grande el éxito de nuestras representantes que iban por tres meses y estuvieron  seis. Habían estipulado bailar una vez al día y, ante los compromisos que surgieron, lo hicieron hasta tres veces. Es decir, la embajada de las chicas de la Sección Femenina puso a España en un pedestal por la forma de comportamiento, simpatía y gracia con que se expresaban y danzaban. Resultó ser, sin duda, una embajada providencial para aquellos tiempos en que el mundo entero nos negaba el pan y la sal.
Dolores fue capaz de convencer a todos los grupos para que la “Uva” o Jotilla popular de Olivenza fuera aceptada y se cantara como himno de toda la expedición.

Visitaron: Perú, Chile, Ecuador, Colombia, Venezuela, Santo Domingo, Haití, Panamá y Puerto Rico. Nueve países que se prendaron del talante, educación y salero de las muchachitas españolas.
Dolores tenía entonces 24 años y por primera vez en su vida pasó las navidades alejada de su familia y nada menos que estando en América. Tuvo el honor, pero también la saudade, de ver nacer el año 1950 en tierra extraña. Para  muchos españoles ese hecho se hacía impensable porque nadie se atrevía a salir de su Patria y menos atravesando el Atlántico. Fue un trago muy fuerte para las familias de los grupos.

Me comentaba Dolores que trajo una pequeñísima radio para regalar y las gentes flipaban en colores al observar que un artilugio tan pequeño produjera música. En las Américas era un electrodoméstico muy extendido. Había una distancia infinita entre España y América. Se tenía que cruzar un gran océano y eso se hacía impensable para cualquier ibérico.

Al llegar de América nuestra instructora se propuso con tozudez incorporar chicos al Grupo. En otras provincias ya lo habían conseguido. Eran muy reacios los varones de nuestros pagos a bailar en público. Decían que eso era cosa de chicas. En 1953 Vaquero Poblador se incorporó al grupo como guitarra, y un par de años después decide Marabé enseñar a otros chicos ya que lo había iniciado con el guitarrista.
Por fin, en las postrimerías de los años cincuenta ya existía un grupo de varones que habían aprendido convenientemente. Aparecieron Enrique Sánchez de León, Cabezudo, Pérez González, Ritoré, Menudo, Sellés, Llinac y un sinfín de ellos que le dieron brillo al conjunto y elevaron el baile extremeño a  la categoría de arte. Cuando los chicos se presentaron en la nacional, preguntaron a Dolores que de dónde había sacado esos transatlánticos, porque todos eran jóvenes muy espigados y corpulentos, cosa extraña en aquella época.

Por este tiempo en la provincia de Cáceres surgen D. Manuel García Matos y Ángela Capdevielle Borrella que recogen el folklore de la Alta Extremadura. García Matos publicó dos cancioneros y Ángela Capdevielle uno. Son dos figuras tan importantes como las que surgieron en Badajoz. Son los auténticos pilares del folklore en Extremadura.

Don Manuel Núñez, Dolores, Vituca y nuestro colectivo musical hicieron una amistad extraordinaria con Maruja Sampelayo, Regidora Nacional, por la seriedad y trabajo en la cuestión de recopilación y recreación de nuestra idiosincrasia.
En el año 1951 hicieron un viaje por Europa. Visitaron con gran éxito: Francia, Suiza, Alemania y Bélgica. Para este viaje don Manuel tuvo que pedir permiso especial a la Diputación Provincial de la que era funcionario.
Preparó también a los grupos que fueron a Tierra Santa, Bélgica, Holanda y Niza e Igualmente trabajó intensamente con los que iban a participar en la película “Ronda Española”.

Cuando Dolores contrajo matrimonio en 1955, se hizo cargo de los Coros  y danzas de Badajoz la Delegada Local Lolita Alonso.

En Almendral, año 1958, donde habitaba a causa del trabajo de su marido, organizó unos grupos de baile que llegaron a competir con los de Badajoz, obteniendo un año el segundo premio. Era solicitada de todas partes y llegó a trabajar en las Escuelas Anejas y en los hogares de Hernán Cortés.
Cada vez que había dudas en los pasos de las danzas, don Manuel la visitaría, estuviera donde estuviera, para cerciorarse de los pormenores de las danzas porque la destreza de Dolores era colosal.  

El periodista pamplonica del Arriba y del Alcázar Rafael García Serrano,  fue invitado a embarcar en el Monte Ayala para acompañar a las agrupaciones que se embarcaron con rumbo a las Américas. Aquella providencial embajada dio tema al periodista para publicar en 1953 un entretenidísimo libro titulado “BAILANDO HASTA LA CRUZ DEL SUR”, de 584 páginas, donde narra las peripecias de las jóvenes que recorrieron nueve países y estuvieron seis meses alejadas de su patria.
El Gobernador Sr. De la Serna fue a recibirlas a Madrid cuando volvieron del Nuevo Mundo. La estación estaba abarrotada de gente para recibir a las embajadoras de arte popular y de buena voluntad. Una de las chicas de Valladolid  sacó su camisón y lo cortó en trocitos para entregarlo como recuerdo a cada una las amigas del gran periplo americano. Dolores como responsable del grupo de Badajoz brilló de manera poco común.

El avezado Rafael García Serrano al final de su libro escribe una semblanza de Dolores Marabé Lasso a tenor de una queja que llegó a su diario, en la que un padre se quejaba porque se daban pocas noticias del grupo donde estaba integrada su hija.
Escribe Rafael García Serrano: (sic)




Dolores siguió sumida profundamente en el folklore  hasta su fallecimiento porque era para lo  que vivía. Se podría decir “que murió con las castañuelas puestas”.

Más tarde se instala en Zafra y formó a 16 grupos escolares. Estando en Sestao por razones de trabajo de su marido, la contrataron para enseñar danza en Bilbao.  Poco antes de casarse, la Nacional de la Sección Femenina quiso incorporarla al equipo de Madrid junto a Don Manuel Núñez. Ambos renunciaron al honroso puesto y permanecieron en Badajoz, “porque eran asina, del coló de la tierra”.

En Almendral, año 1958, donde habitaba a causa del trabajo de su marido, organizó unos grupos de baile que llegaron a competir con los de Badajoz, obteniendo un año el segundo premio. Era solicitada de todas partes y llegó a trabajar en las Escuelas Anejas y en los hogares de Hernán Cortés.
Estuvo Dolores correcaminos en Canarias, Burgos y Cáceres enseñando danzas. Por entonces le salió un contrato para trabajar bailes regionales en América e igualmente no aceptó el contrato.
Desde el año 42 intervino en la recopilación de 30 danzas que ella sin dificultad numeraba de carretilla.

Es en  los años sesenta cuando comienza la Edad de Oro de los grupos de Coros y Danzas.  Surgieron agrupaciones por doquier. En esos momentos se confeccionó un verdadero mosaico de trajes, abalorios e instrumentos musicales autóctonos: Rascas, pandero cuadrado, morteruelo, laúdes, bandurrias, guitarras, cascabeles…

El trío musical Bonifacio Gil, Manuel Núñez y Dolores Marabé fue, después de la guerra civil española una aparición providencial porque amasaron con sus expertas manos el folklore de la Baja Extremadura desde sus comienzos. 

Más tarde fueron apareciendo en multitud de poblaciones personajes idóneos para no dejar apagar la llana que otros habían encendido décadas atrás. Surge Rafael Maldonado en Badajoz rodeado de una pléyade de entusiastas por nuestras vistosas danzas y aparecen los primeros discos y grabaciones.
 Rafa visitó a don “Manolito” Núñez en el Hospital Provincial de Badajoz unos días antes de morir. Perdimos los badajocenses a un excelente y providencial músico, pero mejor persona.
A Dolores la hallamos impartiendo sus clases de danza a los setenta y cinco años en Centros de la Mujer en barriadas y en el Colegio Oscus. El cuarteto de pulso y púa: Miguel Lucas, Antonio Regalado, Gregorio Rodríguez y Agustín Almoril acompañó varias veces al conglomerado de mujeres que ella preparaba. Ya tenía nuestra instructora los setenta y cinco años cumplidos.  La jota de Almendral fue un desconocido baile que Dolores recogió en el mismo pueblo.

Después del trabajo del periodista Rafael García Serrano, Bailando hasta la cruz del Sur, hay tema suficiente para preparar una película basada en el folklore de Coros  y Danzas de toda la geografía española: “Ronda española” de Ladislao Bajda que enaltece la riqueza de cantos y danzas que se habían rescatado del olvido donde habían permanecido  después de los tres años de guerra civil.
El bum del folklore extremeño apareció a finales de los años setenta, celebrándose con buen criterio dos congresos promovidos por las delegaciones provinciales del Ministerio de Cultura. El I Congreso tuvo lugar en Mérida en el año 1979 y el II Congreso en el 81 también en Mérida.


















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