DOLORES MARABÉ LASSO.
Aunque nacida
en Barcarrota, (Badajoz) 1 de abril 1925, entre los ocho y nueve años ya la
encontramos en Badajoz, asistiendo a gimnasia y cantos en la Sección Femenina ,
ubicada entonces en la plaza de Minayo. Ese enorme solar fue donde se había
ubicado el Seminario de San Atón, que había visto la primera luz en la calle
Moraleja en 1664, muy cerca de la catedral, como recomendaba el Concilio de
Trento.
No había
terminado la contienda civil española cuando estaba aprendiendo sus primeros
pasos de baile mientras gozaba de su inquiera adolescencia. Se prestaba
voluntaria para todo cuanto resultara nuevo para ella. Me contaba personalmente
que durante la guerra civil muchas veces sonaba la sirena, porque había peligro
de bombardeo en la capital, y salían todas las chicas despavoridas, y corriendo
camino de sus casas para reunirse con sus familiares. Ella
Salía
favorecida porque vivía bastante cerca, en la calle Ramón Albarrán.
En
1940 hizo un Curso de baile en Cercedilla y entre otros bailes regionales le
enseñaron danzas de Navarra y de Andalucía, es decir sevillanas y jotas
navarras, nada por supuesto de lo que pretendía Pilar Primo de Rivera con el
mandato que le dio a la Sección Femenina. Lo extremeño ni olerlo. El Curso fue en el mes de agosto y en
septiembre estaba bailando en Málaga con el grupo de pequeñas.
En
1938 se convocaron los Cursos Nacionales de Instructoras de Música y en el 39
los Grupos de Danzas. Es en 1942 cuando se convoca el I Concurso de Coros y Danzas. Se presentaron 116 agrupaciones de
toda España. Nuestras adolescentes extremeñas presentaron dos bailes foráneos:
una jota Navarra y unas sevillanas. Qué poco se conocía entonces
el magma musical de los pueblos y ciudades de Extremadura. Nuestras
representantes pequeñas tuvieron un
sonado éxito en Málaga, aunque no fueran
bailes propios de nuestras comarcas.
En
1924 el Músico Mayor de Castilla 16, don Bonifacio Gil García, Llegó a Badajoz
para hacerse cargo forzosamente de la Banda Militar. Su gran olfato musical lo
llevó a recopilar por su cuenta músicas autóctonas de la “Baja Extremadura”. Nadie
se había interesado ni se imaginaba el potencial folklórico que latía en el corazón
de nuestro terruño.
Y
en ese mismo año dejaba el Seminario de San Atón de Badajoz Manuel Núñez
Martínez, una vez terminado el tercer curso de Filosofía. No sabemos cómo
estando interno en el Seminario se las había ingeniado para obtener en el
Conservatorio Superior de Música de Madrid dos apreciados títulos.
El riojano,
señor Gil García, publicó su Cancionero Popular de Extremadura en 1930 con 235
páginas editado por la Diputación Provincial de Badajoz, donde se encuentran
multitud de tonadas recogidas en nuestra extensa provincia.
Manuel
Núñez Martínez, (Olivenza, Badajoz, 1904), descubrió las dotes para el baile y la
música de la joven en cuestión. Era muy delgada, tiesa como un palo y ágil como
una gacela. Don Manolito había obtenido la plaza de director por oposición de
la Banda de los Hogares Provinciales. Dirigía también una renombrada orquesta,
“Atlántida” que visitaba las principales poblaciones de la Región en sus
fiestas. El tiempo de asueto lo dedicaba a recopilar rancias canciones que las
personas mayores le suministraban.
Puestos de acuerdo, ambos personajes iniciaron
un recorrido exhaustivo por tierras extremeñas, lejos de la ciudad de Badajoz. De
esta manera comenzarían a recoger el oro folklórico que estaba latente en los recónditos pueblos y aldeas de los
siempre olvidados 21.000 kilómetros
cuadrados de la provincia de
Badajoz.
Terminada
la guerra, la Sección Femenina nombró Asesor Musical al Sr. Núñez y le
encargó la recopilación de las músicas y
danzas de cada una de las localidades diseminadas en las diversas comarcas
provinciales.
En
1941 se preparaban las muchachas de 18 años para participar por vez primera en
el Concurso de Coros y Danzas, a nivel Nacional, que se iba a celebrar en
Barcelona. En el anterior Concurso sólo bailarían las pequeñas. Dolores que
sólo tenía 16 años, y que era la instructora, tuvo que pedir un permiso
especial para bailar en la Capital Condal dado que una compañera suya había
enfermado severamente.
Pronto,
danzas, aires populares e instrumentos de percusión surgieron acá, allá y
acullá en toda Extremadura. Las localidades de nuestras dos regiones eran ricas
en típicas danzas que ponían de
manifiesto el alma desconocida de nuestras villas y alquerías. Entonces no había radio generalizada ni
circulaba con profusión la prensa ni los medios de transportes eran los más adecuados.
Después
de una guerra fratricida, quedaban burros, mulas, carros y algunos trenes de
mercancía que sólo llegaban a poblaciones importantes. Eran los medios con que cantaba el tándem contratado por la Sección
Femenina. “La Siberia extremeña”, por ejemplo, estaba hambrienta de algo de progreso
que hoy afortunadamente ya es pasado. Castilblanco,
Herrera del Duque, Garbayuela, Esparragosa de Lares, Talarrubias… tenían un
potencial increíble en cantos, bailes, costumbres, gastronomía y celebraciones.
De modo que el señor Núñez con su acordeón recogía e incorporaba músicas a papel pautado y Dolores anotaba los pasos y
las figuras de autóctonas danzas. Estamos hablando de tierras que están a casi 200 kilómetros de nuestra capital. ¿Cómo
llegar en los años cuarenta? Fueron muchas las peripecias y penalidades que tuvieron
que afrontar.
Don
Manolito, como se le conocía cariñosamente en Badajoz, había estudiado
filosofía y música, tenía 38 años y le triplicaba la edad a Dolores. La joven,
que era una esponja para lo que le interesaba, se hizo pronto una experta, y
crecía en edad, sabiduría y gracia delante de todas las muchachas Badajocenses.
Una
señora de Villanueva de la Serena, a la que nombraba mucho Bonifacio Gil, fue Doña
Isabel Gallardo que recogió gran cantidad de cantos y juegos infantiles de
niñas en Villanueva de la Serena, dictándoselas al fundador del Conservatorio
de Música de Badajoz.
Los dos primeros bailes que se recopilaron
fueron: Fandango de Alburquerque y El limón (fandango de la
Serena).
Manuel Núñez
era un excelente músico que había ganado en Concurso-Oposición la plaza de
Profesor de Música (1934) de la Casa de Asistencia Social de Badajoz, después
Hogares Provinciales Hernán Cortés y en la actualidad Residencia Universitaria.
Una
vez recogido el material, comenzaron los ensayos en la Plaza de Minayo, pared
con pared con los Hogares Provinciales, en las traseras del Hospital provincial
San Sebastián de Badajoz.
Contaba
Dolores que el Fandango de Alburquerque se
lo enseñó una señora que encontró en la Posada del Peso o del Colodrazgo, en la
Plaza Alta de Badajoz (hoy Obispo Marín
de Rodezno).
Durante
los años del hambre Dolores tuvo que dar clases de gimnasia y de baile a hijos
de familias acomodadas de la capital. También se desplazaba en bicicleta al
Corazón de Jesús para dar clases. Ayudaba igualmente a los equipos de
baloncesto de la Parra ,
Oliva de la Frontera
y Olivenza. Cuando se moceaba era un todo terreno.
En
el 1948 recoge el Fandango de Talavera
y la Jota de Orellana, se investiga
el aderezo que utiliza el Grupo de Badajoz y el traje y medias de cebra
procedente de Don Benito.
Era tanta la
ilusión que había en todo el territorio nacional por recopilar datos relativos
al folklore que se contrataba al pregonero del lugar para que alertara al
vecindario y colaboraran.
Por
aquellos años de carencias, con que sonara en la plaza de los pueblos un escueto
pandero, la juventud, mozos zagalones y muchachas se animaban a bailar y a
cantar con lo que el vecindario se contagiaba rápido del entusiasmo y ya tenían
un motivo para pasar a gusto unas horas
de asueto. El baile en los pueblos fue el método más socializador que haya
podido hallarse jamás. No se distinguían ricos ni pobres, señoritos y
trabajadores, chicas de servir y estudiantes; en la danza cabían todos y no
había posibles distingos porque todo el pueblo salía a la palestra y sólo les
preocupaba el ritmo, los cantos, las danzas y pasarlo bien.
Don
Antonio Pitel, maestro, muy reconocido en Jerez de los Caballeros, proporcionó
a don Manuel Núñez la Jota del Palancar,
lugar entre el Valle de Matamoros y de Santana donde se cantaba y bailaba con
profusión. En el Cancionero Popular de Extremadura de Bonifacio Gil (1930) se
incluye otro canto del mismo lugar, el Fandango
del Palancar.
A
los diecisiete años encontramos a Dolores dirigiendo una tabla de gimnasia en
el Escorial bajo los acordes y melodías de
aires extremeños. Anteriormente había mostrado sus dotes de mando en la Plaza
de Toros de Badajoz, sustituyendo a la profesora titular, a la sazón
indispuesta, que debía de dirigir unos ejercicios gimnásticos.
La situación
era en todas partes muy precaria y a veces, para los gastos que generaban los desplazamientos, don Manuel y
ella vendían la revista “TERESA”
para mayores y “BAZAR” para juveniles.
Dolores
recibió el encargo de la Regidora de la Sección Femenina de Badajoz para
comprar doce pares de castañuelas o palillos en la ciudad hispalense. Precisamente
las adquirió en la calle Sierpe, me
comentó Y es que muy pronto tendrían que
hacer una gira por América. Teníamos precariedad absoluta de atuendos, de instrumentos
y de todo lo necesario para que nuestras chicas mostraran su arte en la danza y
en los cantos. Cuando lo autorizó Madrid se incorporaron las muchachas mayores
de 18 años.
En
1937 se instauró por decreto el Servicio Social obligatorio durante seis meses
para las mujeres y ella lo hizo enseñando folklore en los Hogares de Hernán
Cortés, en la Aneja de niñas y en el Corazón de Jesús.
En realidad el pueblo extremeño utilizó los
utensilios normales que había en las casas de labranzas y en los cortijos: cántaro,
botella de anís, almirez, caldero, sartén, tapaderas, triángulo (hecho de
agujas de hacer punto. Era increíble el
ritmo que se obtenía de estos cacharros tan comunes y sencillos.
A
Dolores se la quiso llevar la célebre bailarina “Marienma” cuando la vio bailar
en el teatro López de Ayala a propósito de enseñar una danza extremeña a las
coristas. La conocida Compañía de Revistas “Mariano Madrid” también le echó los
tejos para ponerla al frente del grupo de baile. Siempre se negó.
El
primer Certamen para mayores se celebró en Barcelona en 1942, después hubo dos
seguidos en Madrid y el siguiente en Bilbao. Participaron en el Concurso 3.008
chicas pertenecientes a 29 provincias. Nunca nuestras concursantes fueron
eliminadas y siempre estuvieron entre los cinco mejores grupos de la Península
bajo la dirección de la joven Dolores Marabé Lasso. Como responsable musical
siempre fue don Manuel Núñez Martínez al que en contadas ocasiones sustituyó
Bonifacio Gil García, músico Mayor del Regimiento Castilla 16, fundador t
profesor del Conservatorio de Música de nuestra capital.
Pilar Primo de
Rivera fue una venturosa impulsora de las tradiciones de los pueblos de España.
Dolores
no deja de salir a los pueblos para recoger datos, muchas veces acompañada por
la Regidora local Vicenta Fernández Martín. En esta primera etapa “Vituca”,
como se la conocía, derrochó gran entusiasmo en la ardua tarea de recopilar. Si
no podía asistir Dolores, recogían lo que podían y posteriormente ella visitaba
el pueblo para que los pasos y dibujos encajaran con todo rigor. Vicenta
Fernández se hizo también cargo de las danzas de Educación y Descanso.
Paulatinamente,
Dolores se convirtió en el alma de la danza en Badajoz. Estaba dotada para ello,
y lo siguió estando hasta su muerte, pasados los setenta y ocho años. Estaba dotada deexcelente oído y
gran sentido del ritmo. El tañer de sus castañuelas ponía en alerta los
sentimientos y contagiaba a las muchachas. Ese sencillo instrumento de
percusión en manos de nuestra instructora para dar clases y acompasar los
bailes estuvo siempre con ella hasta que dejó de existir.
Era
tal la fiebre que se desató en toda la Región por rescatar costumbres, cantos y
bailes que don Manuel Núñez no dudó en visitar la cárcel, el asilo y el
seminario de San Atón para obtener información de primera mano sobre todo en lo
relativo al folclore regional.
En
1942 bailó Dolores con el grupo de mayores por un imprevisto y tuvo que pedir
permiso expreso para poderlo hacer, pues no había cumplido los dieciocho años y
había entonces normas muy estrictas. Bailaron: “El limón”, (jota de Villanueva), El fandango de Alburquerque y la
jota de Orellana.
Don
Manuel, buen observador de los coros que
llegaban de todas las regiones decidió incorporar al grupo: acordeón, flauta de
travesera (Camilo) y una voz varonil
privilegiada como era la de José María Rebollo, “Doñoro”. Una vez que el señor
Rebollo se dio a conocer con el grupo de Badajoz, fue requerido para cantar con
los grupos de Ciudad Real y Teruel.
Sucedía
que cuando nuestras chicas iban a
participar a Madrid, el maestro y folklorista placentino Manuel García Matos, que era inamovible en el jurado de la capital
de España, puntuaba con rigor a nuestras componentes porque era un obseso de lo autóctono, sobre todo de
atuendos e instrumentación. Hay que decir que el placentino García Matos fue el
primer catedrático de folklore que hubo en el Conservatorio de Madrid, una vez
jubilado el Padre Nemesio Otaño que enseñaba folklore sin estar creada la
cátedra.
En
1949 eran ya más de mil los grupos que existían y pasaban de 24.000 la muchachas
que formaban parte de los diversos grupos en el territorio nacional.
Dolores y don
Manolito Núñez en 1944 recogen Sandín galandín, (Canción interpretada en la
totalidad de las matanzas de Villanueva del Fresno), El fandango extremeño que lo recogen en el mismo lugar. El
Fandango de Almendral lo
aprende Dolores en el mismo pueblo donde vivió un tiempo.
La Jota de Campanario la enseñó una
mujer que tocaba la sonanta y que se prestó voluntaria para acompañarlas al
Concurso de Madrid en 1943.
El Músico
Mayor de Castilla 16 de Santo Domingo de la Calzada, que era un excelente
músico, le pedía a Dolores que le cantara las melodías tal como las había
escuchado a las personas mayores, con el deje, altura y ritmo con que las
interpretaban. Don Bonifacio incorporó
muchas de ellas al “Cancionero Popular de Extremadura”
En
1948 se recoge la Jota de Campanario,
la de Talavera la Real y la Jota de Orellana. Una persona
fundamental para el folklore en la comarca de Campanario fue don Antonio Reyes
Huertas, escritor, poeta y gran muñidor del teatro extremeño. Atrayente fue la importante
figura de la villanovense Isabel Gallardo para los cantos, juegos y costumbres
de la Región extremeña. Se trasladó más tarde a Badajoz por lo que tuvo gran
amistad con Don Banifacio Gil. Dolores aprendió de ella la Jota enredá y Baila zagala. Lástima
que Isabel tuviera que marchar a Portugal porque en realidad era un manantial
de tradiciones populares.
Los
varones siempre estuvieron muy reacios a incorporarse a las danzas de la
Sección Femenina, por eso actuaban sólo las féminas y no por otras causas.
La zona que
más le impresionó a Dolores, me explicó, fue la Siberia extremeña por la
riqueza, variedad y pureza de danzas típicas, un ejemplo lo tenemos en la
riqueza de melodías que componen La Jota de la Siberia.
En
1951 se recogen El triángulo, en Castilblanco y Rondeña del mismo lugar.
En Herrera del
Duque se adueñan de la citada Jota de la
Siberia, Los piquitos o Jota
de los Cominos y Pastores de Judea (bailable) de Garbayuela. Hay que colegir que de
Badajoz a Cabeza de Buey había una
distancia casi insalvable en los años duros de la postguerra. Eran cerca de los 200 kilómetros.
En
1949, cuando las agrupaciones en España tenían un buen bagaje de canciones y
danzas, la señorita Marabé Lasso marchó con el grupo local, que dirigía, y diez
agrupaciones más de toda la piel de toro, a las Américas. En este viaje a bordo
del “Monte Ayala” no pudieron contar con el señor Núñez y fue Eduardo Cerezo, su
señora a la sonanta y el conocido guitarrista de la ciudad Manolo Terrón
quienes formaban el elenco musical.
Eran unos
momentos difíciles para España, porque se había hecho Caudillo de la nación
Francisco Franco. Estábamos pues en una dictadura y las relaciones exteriores
eran un galimatías. Muchos de los países que iban a visitar esperaban encontrarse
a chicas famélicas y sin bríos para el baile y el canto. Tal era el concepto
que se tenía de la nación española. Fue, sin embargo, tan grande el éxito de
nuestras representantes que iban por tres meses y estuvieron seis. Habían estipulado bailar una vez al día
y, ante los compromisos que surgieron, lo hicieron hasta tres veces. Es decir,
la embajada de las chicas de la Sección Femenina puso a España en un pedestal
por la forma de comportamiento, simpatía y gracia con que se expresaban y
danzaban. Resultó ser, sin duda, una embajada providencial para aquellos
tiempos en que el mundo entero nos negaba el pan y la sal.
Dolores fue
capaz de convencer a todos los grupos para que la “Uva” o Jotilla popular de Olivenza fuera aceptada y se cantara como himno
de toda la expedición.
Visitaron:
Perú, Chile, Ecuador, Colombia, Venezuela, Santo Domingo, Haití, Panamá y
Puerto Rico. Nueve países que se prendaron del talante, educación y salero de
las muchachitas españolas.
Dolores tenía
entonces 24 años y por primera vez en su vida pasó las navidades alejada de su
familia y nada menos que estando en América. Tuvo el honor, pero también la
saudade, de ver nacer el año 1950 en tierra extraña. Para muchos españoles ese hecho se hacía impensable
porque nadie se atrevía a salir de su Patria y menos atravesando el Atlántico.
Fue un trago muy fuerte para las familias de los grupos.
Me comentaba Dolores
que trajo una pequeñísima radio para regalar y las gentes flipaban en colores al
observar que un artilugio tan pequeño produjera música. En las Américas era un
electrodoméstico muy extendido. Había una distancia infinita entre España y
América. Se tenía que cruzar un gran océano y eso se hacía impensable para
cualquier ibérico.
Al
llegar de América nuestra instructora se propuso con tozudez incorporar chicos
al Grupo. En otras provincias ya lo habían conseguido. Eran muy reacios los
varones de nuestros pagos a bailar en público. Decían que eso era cosa de
chicas. En 1953 Vaquero Poblador se incorporó al grupo como guitarra, y un par
de años después decide Marabé enseñar a otros chicos ya que lo había iniciado
con el guitarrista.
Por fin, en
las postrimerías de los años cincuenta ya existía un grupo de varones que
habían aprendido convenientemente. Aparecieron Enrique Sánchez de León,
Cabezudo, Pérez González, Ritoré, Menudo, Sellés, Llinac y un sinfín de ellos
que le dieron brillo al conjunto y elevaron el baile extremeño a la categoría de arte. Cuando los chicos se
presentaron en la nacional, preguntaron a Dolores que de dónde había sacado
esos transatlánticos, porque todos eran jóvenes muy espigados y corpulentos,
cosa extraña en aquella época.
Por
este tiempo en la provincia de Cáceres surgen D. Manuel García Matos y Ángela
Capdevielle Borrella que recogen el folklore de la Alta Extremadura. García
Matos publicó dos cancioneros y Ángela Capdevielle uno. Son dos figuras tan
importantes como las que surgieron en Badajoz. Son los auténticos pilares del
folklore en Extremadura.
Don Manuel
Núñez, Dolores, Vituca y nuestro colectivo musical hicieron una amistad
extraordinaria con Maruja Sampelayo, Regidora Nacional, por la seriedad y
trabajo en la cuestión de recopilación y recreación de nuestra idiosincrasia.
En el año 1951
hicieron un viaje por Europa. Visitaron con gran éxito: Francia, Suiza,
Alemania y Bélgica. Para este viaje don Manuel tuvo que pedir permiso especial
a la Diputación Provincial de la que era funcionario.
Preparó
también a los grupos que fueron a Tierra Santa, Bélgica, Holanda y Niza e
Igualmente trabajó intensamente con los que iban a participar en la película
“Ronda Española”.
Cuando
Dolores contrajo matrimonio en 1955, se hizo cargo de los Coros y danzas de Badajoz la Delegada Local Lolita
Alonso.
En
Almendral, año 1958, donde habitaba a causa del trabajo de su marido, organizó
unos grupos de baile que llegaron a competir con los de Badajoz, obteniendo un
año el segundo premio. Era solicitada de todas partes y llegó a trabajar en las
Escuelas Anejas y en los hogares de Hernán Cortés.
Cada vez que
había dudas en los pasos de las danzas, don Manuel la visitaría, estuviera donde
estuviera, para cerciorarse de los pormenores de las danzas porque la destreza
de Dolores era colosal.
El
periodista pamplonica del Arriba y del Alcázar Rafael García Serrano, fue invitado a embarcar en el Monte Ayala para acompañar a las
agrupaciones que se embarcaron con rumbo a las Américas. Aquella providencial
embajada dio tema al periodista para publicar en 1953 un entretenidísimo libro
titulado “BAILANDO HASTA LA CRUZ DEL SUR”, de 584 páginas, donde narra las
peripecias de las jóvenes que recorrieron nueve países y estuvieron seis meses
alejadas de su patria.
El Gobernador
Sr. De la Serna fue a recibirlas a Madrid cuando volvieron del Nuevo Mundo. La
estación estaba abarrotada de gente para recibir a las embajadoras de arte
popular y de buena voluntad. Una de las chicas de Valladolid sacó su camisón y lo cortó en trocitos para
entregarlo como recuerdo a cada una las amigas del gran periplo americano.
Dolores como responsable del grupo de Badajoz brilló de manera poco común.
El
avezado Rafael García Serrano al final de su libro escribe una semblanza de
Dolores Marabé Lasso a tenor de una queja que llegó a su diario, en la que un
padre se quejaba porque se daban pocas noticias del grupo donde estaba integrada
su hija.
Escribe Rafael
García Serrano: (sic)
“
Dolores
siguió sumida profundamente en el folklore
hasta su fallecimiento porque era para lo que vivía. Se podría decir “que murió con las
castañuelas puestas”.
Más
tarde se instala en Zafra y formó a 16 grupos escolares. Estando en Sestao por
razones de trabajo de su marido, la contrataron para enseñar danza en Bilbao. Poco antes de casarse, la Nacional de la
Sección Femenina quiso incorporarla al equipo de Madrid junto a Don Manuel
Núñez. Ambos renunciaron al honroso puesto y permanecieron en Badajoz, “porque
eran asina, del coló de la tierra”.
En
Almendral, año 1958, donde habitaba a causa del trabajo de su marido, organizó
unos grupos de baile que llegaron a competir con los de Badajoz, obteniendo un
año el segundo premio. Era solicitada de todas partes y llegó a trabajar en las
Escuelas Anejas y en los hogares de Hernán Cortés.
Estuvo Dolores
correcaminos en Canarias, Burgos y Cáceres enseñando danzas. Por entonces le
salió un contrato para trabajar bailes regionales en América e igualmente no
aceptó el contrato.
Desde el año
42 intervino en la recopilación de 30 danzas que ella sin dificultad numeraba
de carretilla.
Es
en los años sesenta cuando comienza la
Edad de Oro de los grupos de Coros y Danzas.
Surgieron agrupaciones por doquier. En esos momentos se confeccionó un
verdadero mosaico de trajes, abalorios e instrumentos musicales autóctonos:
Rascas, pandero cuadrado, morteruelo, laúdes, bandurrias, guitarras,
cascabeles…
El trío
musical Bonifacio Gil, Manuel Núñez y Dolores Marabé fue, después de la guerra
civil española una aparición providencial porque amasaron con sus expertas
manos el folklore de la Baja Extremadura desde sus comienzos.
Más tarde
fueron apareciendo en multitud de poblaciones personajes idóneos para no dejar
apagar la llana que otros habían encendido décadas atrás. Surge Rafael
Maldonado en Badajoz rodeado de una pléyade de entusiastas por nuestras vistosas
danzas y aparecen los primeros discos y grabaciones.
Rafa visitó a don “Manolito” Núñez en el
Hospital Provincial de Badajoz unos días antes de morir. Perdimos los
badajocenses a un excelente y providencial músico, pero mejor persona.
A Dolores la
hallamos impartiendo sus clases de danza a los setenta y cinco años en Centros
de la Mujer en barriadas y en el Colegio Oscus. El cuarteto de pulso y púa:
Miguel Lucas, Antonio Regalado, Gregorio Rodríguez y Agustín Almoril acompañó
varias veces al conglomerado de mujeres que ella preparaba. Ya tenía nuestra
instructora los setenta y cinco años cumplidos.
La jota de Almendral fue un desconocido baile que Dolores recogió en el
mismo pueblo.
Después del
trabajo del periodista Rafael García Serrano, Bailando hasta la cruz del Sur,
hay tema suficiente para preparar una película basada en el folklore de
Coros y Danzas de toda la geografía
española: “Ronda española” de
Ladislao Bajda que enaltece la riqueza de cantos y danzas que se habían
rescatado del olvido donde habían permanecido después de los tres años de guerra civil.
El bum del
folklore extremeño apareció a finales de los años setenta, celebrándose con
buen criterio dos congresos promovidos por las delegaciones provinciales del
Ministerio de Cultura. El I Congreso tuvo lugar en Mérida en el año 1979 y el
II Congreso en el 81 también en Mérida.

Que bonito que escriban de mi abuela. Gracias por esta entrada del blog 💝✨
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